
Comenzar una nota con la afirmación de que la presidencia de Cristina Fernández es una desgracia para las mujeres es sin duda una provocación irresponsable.
Es un juego que parece gustarle al caballero Caparrós, al que agrega cuotas importantes de cinismo y desprecio por sus semejantes. Las provocaciones, siempre que inviten a la reflexión y a despojarnos de discursos dogmáticos, siempre que estimulen el pensamiento colectivo son oportunas. Pero en este caso, poco importan cuáles fueron las intenciones del periodista, aunque se desprende de su opinión, sin datos que aportan a la información ni referencia a contextos de la vida social de los argentinos, la marcada negativa por instalar un debate en torno a los efectos y realidad de las decisiones políticas que, en materia de género, impulsó el gobierno de Cristina Fernández. El periodista utiliza afirmaciones categóricas, pero también falaces, ¿desde qué lugar sostiene que se retrocedió en las conquistas logradas en los últimos años por las mujeres en nuestro país?
Como mujeres sabemos lo que nos produjo la presencia de Cristina Fernández al mando del Ejecutivo y estamos seguras que muchas lo entienden e irán entendiendo. Comprender lo que se dice de ella y cómo se habla de ella desde las tribunas de la antipolítica más reaccionaria y machista es una experiencia que nos provoca a la acción, es decir a hacernos escuchar
El terreno del cambio cultural es sin duda un terreno de lucha, que no se da de un día para el otro, ni de una vez y para siempre, que tiene sus avances y sus retrocesos, sus aciertos y contradicciones. El camino de este cambio lo construimos nosotras y nosotros sobre la base de una experiencia de gobierno que expandió nuestros derechos, democratizó el país e hizo crecer la economía y la justicia social: las mujeres y los pobres ya habíamos olvidado que esto era posible.
Algunos sectores de la Argentina miran hacia atrás, saben que dicho cambio cultural supone terminar con el chiquitaje de la chicana, el odio y la rivalidad entre ciudadanas/os, acciones de las que siempre sacan provecho. Saben también que el cambio supone el fortalecimiento de nuestra democracia, la posibilidad de debatir política con argumentos más allá de banderías partidarias. Terminar con el juego perverso de los medios y de otros sectores de la oposición que quieren sustituir la acción política pública por un dudoso ejercicio de psicología, analizando los supuestos perfiles psiquicos de los integrantes del gobierno antes que juzgando sus aciertos o desaciertos políticos desde la perspectiva de la sociedad.
Si Cristina es dependiente y sumisa a su marido, o no lo es, poco importa para los destinos del país ¿se definiría toda la crítica política, como se ha hecho con ella hasta el cansancio sobre la base de este hecho psicológico, si se tratara de un presidente sumiso y dependiente de su esposa?.
Más allá de la chicana, que como siempre desvaloriza al pueblo, necesitamos reflexionar por ejemplo sobre las independencias y sumisiones mayores y profundas de nuestra America del Sur. Hemos visto estos días el rol jugado por la presidenta en Bariloche, quien aplicando un modo de plantear y tomar decisiones más propio de nuestro género que de las virilidades discursivas de los caballeros, dio una lección de política práctica y de unidad americana . De eso no habla Caparrós y sin embargo se refiere a Bachellet y a Cristina como “las dos chicas australes". No hubieron muchachos en la reunión de UNASUR, asistieron presidentes, tampoco “chicas”, fueron dos mujeres presidentas que dieron muestra de una habilidad práctica para tratar los conflictos con la cual no siempre parecen de acuerdo los que ejercen poder. Según palabras de Cristina "los hombres tienen reacciones muy fuertes" que son innecesarias, y agregó Bachelet "Es la testosterona”
Nuestra lucha de “sexo débil” se dirige justamente contra el machismo que minimiza majaderamente la palabra femenina aunque algunos intenten disimularlo. Por hábitos heredados de la vida misma, las mujeres siempre somos más participativas en política. El Sr. Caparros sabe que la presidenta no hizo uso de poder para reprimir por ejemplo a piqueteros o reclamos sectoriales, y que durante los gobiernos Nestor Kirchner y Cristina Fernandez la democracia se vivió con mayor participación de la ciudadanía.
La presidenta es una militante política mujer, no una militante feminista. Claro que podría haber tomado banderas feministas, si lo fuera. Cristina entiende que para gobernar bien hay que lograr integrar los reclamos históricos de las mujeres como parte de los intereses de la sociedad toda y, cambiar la cultura es de largo aliento
En el imaginario colectivo de mito y desprecio por el lugar de "esa Mujer"
Caparrós no hace la diferencia. No logra comprender justamente que Cristina Fernandez, por su verba y capacidad nos enorgullece a muchas mujeres argentinas. Esto de péguele a Cristina también fue con Evita y, aunque con un perfil “estético” distinto, nos muestra que algo esta pasando pues “ladran Sanncho…”
¿Qué se le va la lengua? Nuevamente al caballero se le escapa el prejuicio discriminador. Hablar es exponerse, pero es fundamental en política tomar la palabra y poco a poco somos muchas las que nos estamos animando. El que haya una mujer presidenta, con “a” es un gran impulso para todas nosotras.
Qué pena que Caparrós no llegue a comprenderlo